Cómo aprender a meditar en exteriores

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meditar en exteriores

La meditación al aire libre puede convertirse en una práctica maravillosa y enriquecedora. Experimentar plenamente la naturaleza y sentirla, permite alcanzar estados de conciencia mucho más profundos y sobre todo sentirse conectado y enraizado a todo lo que nos rodea. ¿Cómo hay que hacerlo?

Nota las sensaciones

Tras alcanzar un estado de calma mental, intenta dirigir tu atención a tu piel: ¿qué sensaciones tienes? ¿Notas el viento, el sol, el calor o el frío? ¿Sientes que se te eriza la piel? Hay que permitir que la conciencia se hunda en lo más profundo de tu cuerpo. ¿Cómo notas tus músculos?, ¿cómo responden a la temperatura exterior?

Abre lo ojos

Si nunca has meditado con los ojos abiertos, es momento de hacerlo. Aunque a todos nos han enseñado a meditar con los ojos cerrados, también podemos hacerlo de la otra forma ya que nos permitirá sentirnos más conectados a la tierra. Si estás sentado sobre la hierba de un campo, baja la mirada y céntrate en los que ves: las hojas, las plantas, la propia tierra. También puedes focalizar tu atención en las ramas de los árboles que se mecen con el viento o en las nubes avanzando en el cielo. El secreto está en que tu atención esté plenamente focalizada en aquello que estás viendo, puedas apreciarlo y evites entrar en juicios u opiniones.

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Usa el olfato

Cuando se medita al aire libre, en plena naturaleza, nada mejor que poner a nuestro olfato a trabajar. ¿Qué estás oliendo? Observa los diferentes aromas que te rodean, sin centrarte en uno solo. ¿Experimentas el olor a hierba recién cortada? ¿Quizás te llega la olor de hojas húmedas? Permite que a cada inhalación puedas conectar con todos los olores alrededor tuyo.

Escucha

¿Qué sonidos te rodean? Escucha pasivamente sin necesidad de oír algo concreto. Basta con mantener la atención en el oído. Tal vez el viento sopla y las hojas crujen. Quizás hay niños jugando alrededor o una pareja está hablando en la lejanía. Limítate a que lleguen esos sonidos sin interpretarlos, sin entenderlos. Deja que fluyan y penetren en todo tu ser.

La meditación al aire libre funciona muy bien cuando una persona ya domina la práctica en interiores ya que permite enriquecerla mucho más y darle nuevos contenidos y enfoques. Con el tiempo, mucha gente prefiere hacerla en exteriores sobre todo por esa conexión tan especial que se produce con todo el conjunto de la naturaleza.

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