Dioses totémicos

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Las grandes civilizaciones que surgieron en Sudamérica siempre fueron pueblos con una gran espiritualidad. A pesar de que existieron e incluso convivieron diferentes etnias que estaban, a su vez, separadas por tribus o clanes, siempre hubo un denominador común a todas ellas: su apego a la Naturaleza.

Para ellos, tanto el aire como el fuego, la lluvia y los animales tenían un carácter sagrado. Su comunión absoluta con la Naturaleza y la creencia de que las cosas tenían dentro un espíritu sagrado hizo que se crearan divinidades – tótems  que tenían que ver con fenómenos atmosféricos o animales. Muchas familias y clanes se ponían bajo el cobijo de ese tótem para sentirse protegidos frente al enemigo o las adversidades que pudieran acontecer.

¿Cuáles eran los dioses totémicos?

Procedentes de varias étnicas, tribus y clanes nos han llegado diferentes divinidades entre las que destacan:

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Huitzilopochtli (Dios de la guerra)

Su nombre significa “colibrí en la izquierda”. Se le representa con un escudo que lleva cinco bolas de plumas, arco y flechas. Lleva las plumas de un colibrí en su mano izquierda y precisamente de este dios se extrae el tótem del colibrí.

Pero Huitzilopochtli no era sólo dios la guerra. También se le rendía culto para que pudiera obligar al dios de la lluvia a dejar caer el agua para las cosechas o bien evitar inundaciones. 

Tlaloc (Dios de la lluvia)

Se representaba generalmente en postura semirrecostada con la parte superior del cuerpo apoyada en los codos y las rodillas medio extendidas. Tiene ojos de lechuza y colmillos de jaguar. Las serpientes y las ranas son sus criaturas

Era un dios contradictorio, benefactor como dios de la lluvia y el trueno durante las sequías, pero maléfico cuando las aguas violentas arrasan diques y presas e inundan a menudo el valle. Tlaloc se manifiesta de tres formas: como relámpago, como rayo y como trueno.

Quetzalcoalt

Se le representa como una serpiente con plumas. Se considera un dios de carácter extraño y está considerado como el padre de los Toltecas.

Quetzalcoatl es el dios de la vida hermosa, de la vida feliz y, más aún, el de la resurrección que asegura un vida todavía mejor. Tiene un aspecto luminoso, la dulzura de la divinidad. Como la muerte, desaparece al atardecer, al oeste, en el horizonte conocido.

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