Los retos de la meditación

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Se habla mucho acerca de los beneficios de una práctica regular de la meditación, pero la vida –y nuestra propia mente- pueden interponerse en el camino. Cuando dedicamos un tiempo a meditar, es fácil distraerse por alguna de las trampas más comunes. Aquí tienes los retos a los que mucha gente se enfrenta cuando medita.

La impaciencia

Sentir la necesidad de estar haciendo otra actividad mientras se medita es probablemente el mayor obstáculo de la meditación. La impaciencia nos hace terminar las sesiones rápidamente, impide la concentración y, con frecuencia, nos interrumpe la práctica.

La clave para contrarrestarla es reconocer la existencia misma de esa sensación. Si sentimos el impulso de hacer otra cosa, es importante aceptarla y dejar que se disuelva.

Después de admitir que la impaciencia cohabita con nosotros, debemos recordar una y otra vez los beneficios que nos aporta la meditación, entre ellos, el ser más eficaces en todas las tareas que hagamos después.

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La falta de tiempo

Mucha gente se propone meditar a diario, pero al final acaba arrinconando la práctica por asuntos “más importantes”. La clave es dar prioridad a la meditación, trabajando nuestra percepción sobre ella. Si consideramos la meditación como una parte fundamental de nuestra rutina, como cepillarse los dientes o tomar una ducha, entonces la meditación ya no es una opción. ¿Por qué no programamos nuestra mente de esta manera?

La falta de sueño

Resulta muy, muy difícil meditar sin dormir lo suficiente. Si practicamos sin dormir las horas adecuadas, nos sentiremos somnolientos y terminaremos por quedarnos dormidos. Además un déficit de sueño reduce nuestra capacidad para concentrarse y controlar nuestros pensamientos, lo que puede provocar que nuestras sesiones sean menos eficaces.

¿Qué hacer entonces? Si hemos dormido poco, el consejo es tomar un descanso antes de empezar con la práctica.

Sentirse muy bien

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Sentirse en un estado perfecto, felices, alegres, inspirados, tranquilos, etc, puede ser nuestra mayor inspiración, pero también nuestro mayor obstáculos. Si no tenemos cuidado, sentirse bien puede erosionar la decisión de meditar. ¿Para qué hacerlo si me encuentra en plena forma y feliz? Pues precisamente para eso, para continuar manteniendo ese estado e incluso fortalecerlo y mejorarlo.

Acabar antes

Es una trampa bastante sutil que, a veces, puede ser difícil de superar si no nos damos cuenta de que está sucediendo. Normalmente ocurre cuando nuestra mente finalmente alcanza un estado de calma y decidimos interrumpir la meditación porque creemos que hemos logrado nuestro objetivo. Si terminamos antes de tiempo, estamos perdiendo los enormes beneficios que implica continuar.   

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