Pasos para reconocer si eres un alma vieja

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almas viejas

Nuestro cuerpo físico no es más que el medio o instrumento que utiliza nuestra alma para alcanzar su misión y elevarse definitivamente.

Podríamos decir que existen tres tipos de alma: la nómada, la joven y la vieja.

La primera, la nómada, es aquella que se encarna en la Tierra para un fin determinado o un propósito concreto. No acumula karma y cuando consigue cumplir con su misión, no vuelve a reencarnarse en otras vidas.

Por su parte, el alma nueva es la que todavía no ha tenido tiempo a encarnarse en demasiados cuerpos físicos y todavía tiene que vivir muchas experiencias tanto positivas como negativas.

Por último, encontramos el grupo de las almas viejas que es aquella que ha estado atrapada en la rueda de la reencarnación, ha vivido muchas experiencias, ha pasado por diferentes estados y está en proceso de concluir su misión en el mundo físico.

Es el alma que está a punto de finalizar su viaje y peregrinaje.

Reconocer un alma vieja

Cuando una persona tiene un alma vieja tiene una serie de actitudes ante la vida diferentes a las del resto de personas con un alma joven. Los rasgos más característicos son los siguientes:

Suelen pensar constantemente

Su mente divaga de un lado a otro intentando encontrar un significado más profundo a las cosas o acontecimientos que suceden en su vida. Buscan encontrar respuestas profundas y no quedarse en los aspectos superficiales.

Les gusta la soledad

Son personas que siempre intentarán buscar un momento para estar solos. Esos momentos los aprovechan para reflexionar sobre su vida y su cometidos en ella.

Suelen ser más maduros que la media

Si de pequeño te decían que parecías más adulto de lo habitual por tu manera de expresarte o actuar ante determinadas circunstancias, seguramente es porque tu alma es vieja.

Aprecian las cosas sencillas

Huyen de complicaciones y valoran situaciones o actos que normalmente otros no le dan tanta importancia como tomar café con amistades, disfrutar de una buena lectura, etc.

Los bienes materiales no son lo suyo

Son personas poco materialistas. No viven obsesionadas por el lujo ni por hacer acopio de riquezas. Valoran mucho más las relaciones personales que tener una casa en propiedad y una cuenta corriente desahogada.

Muestran una sensibilidad especial

A veces son bastante vulnerables porque sus emociones suelen estar bastante a flor de piel. Se suelen estremecer y emocionar fácilmente.

Se sienten diferente a los demás

Aunque tengan un círculo de amistades bastante amplio, siempre se sienten fuera de juego. A veces, se ven como una especie de “bicho raro” que no acaba de encajar con los demás.

– Son empáticos por naturaleza. Tienen la facilidad de comprender lo que le puede estar ocurriendo a otra persona. Sintonizan con el otro a un nivel más profundo. 

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