Sincronicidad

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sincronicidad

La sincronicidad es un término que fue creado por Jung para referirse a la unión de los acontecimientos, ya sean interiores o exteriores,  que son difíciles de explicar pero que parecen tener un sentido para aquel individuo que los observa. Es decir, la sincronicidad haría referencia a aquellos sucesos que normalmente atribuimos a la suerte, al azar o incluso a la magia.

Para la sincronicidad, todo está conectado

Para la sincronicidad no existen las casualidades, todo está conectado de alguna manera. Trata de darle explicación a esas situaciones en las que encontramos justamente lo que necesitábamos sin haberlo buscado de una forma muy peculiar.

Imagina que tienes una duda muy importante y no encuentras respuestas por ningún lado. De pronto entras a una librería de casualidad y lees una sinopsis que te llama la atención. Lees el libro y encuentras mágicamente la respuesta a aquella pergunta que tanto te estaba rondando. Según Jung esto no es una casualidad, es sincronicidad.

La sincronicidad lo que hace es presentarnos de manera física la solución a una idea o necesidad que estamos experimentando sin que nos cueste ningún esfuerzo. Es una especie de fluir en el que la vida parece una aventura constante y nos mantenemos siempre aprendiendo sobre los demás, sobre nosotros mismos y sobre el propio universo.

Pero para que la sincronicidad pueda manifestarse deben existir unas situaciones propicias. Debe haber un estado mental que permita que estos acontecimientos puedan aparecer y suele ser ese estado en el que nos encontramos cuando sentimos un malestar o angustia intensa por resolver problemas personales, pues es en estos momentos cuando nos encontramos muy pendientes de las señales del exterior y podemos apreciar estos acontecimientos.

Las crisis personales, la muerte de un ser querido, los cambios bruscos, etcétera. Estos son los momentos en los que con más posibilidades podremos asistir a la magia de la sincronicidad en la que todo está conectado y que surge de una atracción natural que nace en nuestra mente por lo que es análogo.

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Cómo fluye la sincronicidad y cómo propiciarla

Surge la pregunta entonces, y de forma natural, de por qué no nos mantenemos siempre en ese estado donde todo se resuelve por arte de magia y la respuesta tiene que ver con la carga de nuestros pensamientos: la sincronicidad no fluye con pensamientos de gran carga negativa que generan bloqueos, cansancio e inactividad.

Para que podamos asistir a la magia de la sincronicidad debemos albergar pensamientos positivos y de esperanza en nuestro interior. Debemos permanecer atentos a los mensajes que el universo puede poner delante de nosotros de forma puntual y estratégica.

En cierta parte llegamos a la sincronicidad gracias a nuestra intuición, que se presenta en el momento clave y que nos habla bajito pero que nos lleva a los lugares adecuados. La sincronicidad nos invita a trabajar con ella, a afinarla, a comprometernos con sus mensajes  y a aprender a diferenciar su voz de la voz de nuestro ego, quien es guiado constantemente por el temor,  mientras que nuestra intuición se guía y nutre del amor.

El ego nos habla muy alto y se repite constantemente. Es temeroso, se defiende y sus ideas son siempre de ataque, crítica o huida. Aprendemos a reconocer nuestra intuición por su sutileza pero contundencia a la hora de transmitir sus mensajes. Con un poco de práctica la sincronicidad dejaría de ser un evento “casual” que aparece en determinados momentos de nuestra vida, para ser una herramienta útil con la que guiarnos y dar solución a nuestro problemas más profundos y vitales.

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