El verdadero significado de la meditación

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El concepto “meditación” se utiliza muy a menudo en nuestra sociedad, pero de manera bastante inexacta. Es por eso que existe tanta confusión acerca de cómo practicarla. Algunas personas usan la palabra meditar cuando, en realidad, se están refiriendo a pensar o contemplar. Otros la utilizan para referirse a soñar despierto o fantasear. Sin embargo, la meditación, la auténtica Dhyana como dice el hinduismo y el budismo, no es nada de eso.

La meditación es una técnica muy precisa que permite descansar la mente y elevarla a una estado de conciencia que es totalmente diferente al que tenemos en vigilia. Es el medio para llegar a percibir todos los niveles de nuestro ser y finalmente experimentar el centro de nuestra conciencia interior. La meditación no es una religión, es más bien una ciencia lo que significa que el mismo proceso sigue un orden determinado, tiene unos principios definidos y produce unos resultados que pueden ser verificados.

En un estado de meditación, la mente es clara, se encuentra relajada e interiormente enfocada. Cuando se medita, la mente no se centra en el mundo externo o en los acontecimientos que tienen lugar a nuestro alrededor, a pesar de estar completamente despiertos. La meditación requiere un estado que favorezca el silencio interno. Sólo cuando la mente está en silencio y no nos distrae, la meditación se hace más profunda.

Desde la infancia se nos educa para examinar y observar el mundo exterior. Nadie nos enseña a mirar a nuestro interior. Por eso, seguimos siendo extraños en nuestro propio cuerpo. Esa falta de comprensión es una de las principales razones de por qué nuestras relaciones no funcionan y por qué la confusión y la decepción prevalecen en nuestra vida. La parte de la mente que abarca el vasto reino del inconsciente sigue siendo nuestra gran desconocida. No está sujeta a ningún control.

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El objetivo de la meditación es ir más allá de la mente y alcanzar la paz, la felicidad y la dicha. Seguro que quien haya practicado la meditación se habrá dado cuenta lo difícil que resulta, al principio, amansar una mente rebelde que se resiste a cualquier disciplina o camino a seguir.

Se nos enseña a cómo movernos y desenvolvernos en el mundo exterior, pero nunca aprendemos a examinar lo que está dentro de nosotros mismos. Cuando conseguimos hacerlo a través de la meditación, alcanzamos un estado de alegría y felicidad que jamás antes hemos experimentado. Cualquier alegría en el mundo físico es momentánea, pero la alegría de la meditación es inmensa y eterna.

La meditación es un medio para calmarnos, para dejar a un lado prejuicios e historias y ver lo que realmente es con absoluta claridad. Es una manera de entrenar a la mente para que no se distraiga y quede atrapada en un bucle negativo. Meditar es un compromiso, pero no un mandato. La persona que medita se está comprometiendo consigo misma a conocerse mejor y a interiorizar en su propia esencia.

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